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Bajo el mismo techo y sin salir: guía para superar la cuarentena en pareja

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Bajo el mismo techo y sin salir: guía para superar la cuarentena en pareja

Hablamos con expertos en psicología para conseguir que el aislamiento forzado no acabe en separación. Primera regla: respeto.

Algunos de los efectos colaterales del coronavirus y el aislamiento decretado en algunos países para contenerlo han provocado el (ya cuantificado) aumento de las demandas de divorcio en la ciudad china de Xi’an.

El impacto de la enfermedad y las medidas necesarias para evitar su propagación se sienten en la sociedad y la economía, pero también en nuestras relaciones.

La aprobación del decreto del estado de alarma, que pone en cuarentena a todo el país con el consiguiente aislamiento en sus casas de 47 millones de personas, puede influir en la pareja –y la familia–, pudiendo suponer el final de nuestra relación o el principio de un vínculo más profundo, dependiendo de cómo invirtamos ese tiempo. 

Partiendo siempre de una situación en la que ninguno de los miembros de la pareja padezca el virus (en esta completa guía de actuación ante el coronavirus están los diferentes teléfonos de cada Comunidad Autónoma y líneas de actuación básicas),

esto es lo que los especialistas recomiendan hacer para inclinar la balanza hacia el segundo escenario.

Preparación anímica

Insistimos, es imperativo seguir las instrucciones higiénicas pautadas por los expertos en salud. A partir de ahí podemos hablar del escenario psicológico. 

Incluso aunque no estemos ni confinados ni contagiados, la pandemia puede generar ansiedad y en este enlace están las instrucciones de varios psicólogos para atenuarla.

Relativizar las sensaciones

«Lo primero que recomendaría a cualquier persona en esta cuarentena es que tenga en mente siempre dos cosas: esto tiene un principio y un final (el que nos indiquen las autoridades) y el objetivo es un bien para uno mismo y para la sociedad;

es importante tener muy presentes ambas ideas cada vez que nos sintamos encerrados o agobiados», nos cuenta Sánchez, que también es autora de El Sexo que queremos las mujeres (Lectio).

Insiste en que es muy importante confiar en las autoridades y la información oficial, y no prestar atención a bulos u opiniones infundadas.

«El miedo, ya sea a contraer la enfermedad o a tener un mal desenlace, es una emoción que nos puede llevar a estar más suspicaces y en alerta, pero debemos racionalizar y recordar que los contagiados son minoría y que, de los enfermos, la inmensa mayoría sale adelante».

Examinarnos sin proyectar en el otro

Leire Villaumbrales, que es psicóloga y directora de centro Alcea en Madrid, también tiene un apunte sobre el miedo que debemos tener en cuenta:

«Cuando individualmente estamos librando batallas internas importantes que suponen, como en este caso actual, lidiar con nuestra propia angustia, los miedos que despierta la incertidumbre y la sensación de falta de control,

es difícil que podamos poner en común algo diferente a exigencias o conflictos que hablan de nuestro deseo de que el otro haga algo que ayude a calmar lo que sentimos dentro».

En otras palabras, el bienestar y el sosiego es algo que debemos buscar en nosotros y no en el otro. «En esta situación será importante», prosigue Villaumbrales,

«que individualmente nos tomemos tiempo de reflexión, de mirar hacia dentro, de preguntarnos cómo estamos viviendo todo esto y qué se está despertando en nosotros.

Enfoque positivo

Villaumbrales aconseja intentar no centrarnos en el sentimiento de imposición e indefensión ante la idea de no poder elegir:

«Es una buena oportunidad para volver a cuestionarnos qué es lo verdaderamente importante en nuestra vida.

Recuperar lo esencial, el contacto con las personas a las que queremos (en este caso virtual)

y buscar dentro de nosotros los verdaderos motivos por los que hacemos esto: la responsabilidad social, los valores humanos y comunitarios».

Educación y respeto radicales

Es posible que el confinamiento nos obligue a estar solos, con la pareja, los hijos, otros familiares y hasta con compañeros de piso. En cualquier caso, la receta es la misma: «Solo hay una forma de evitar las fricciones, y es siendo tremendamente educado.

Tenemos que intentar mentalizarnos de que no estamos con la pareja o con alguien con quien tenemos confianza,

sino con alguien con quien debemos ser muy respetuosos y educados, controlando nuestras pequeñas manías y siendo benevolentes con las de la otra persona», apunta Sánchez.

Rutinas esenciales

Si queremos que nuestra relación (y nuestra paz mental) no se vea demasiado alterada por la cuarentena, es necesaria cierta disciplina y organización.

«Es muy recomendable pautarse horarios organizados y rutinas, para dar sentido a los días y evitar la sensación abrumadora de pérdida de tiempo. Podemos aprovecharlo de manera positiva y productiva, por ejemplo, dedicando unas horas a ordenar fotos, leer, hacer algún tutorial de YouTube…», sugiere Sánchez. Algo con lo que Leire Villaumbrales coincide:

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«Mantenernos ocupados y estructurar nuestro tiempo siempre ayudará a tener una mayor sensación de seguridad interna. Podemos rescatar lecturas, series pendientes, dedicar tiempo al autocuidado o adelantar trabajo que normalmente dejamos a un lado por falta de tiempo».

Viejos y nuevos conflictos

«La vida en pareja va a ser complicada los próximos meses», explica la directora de Alcea Psicología, «porque cuando compartimos mucho tiempo juntos, igual que durante las vacaciones, emergen temas pendientes.

A veces el encuentro es muy positivo y agradecemos la oportunidad de pasar un tiempo que normalmente no tenemos.

Otras veces los asuntos pendientes pueden abrir la puerta del conflicto». Ante tal perspectiva, Sánchez Martín recalca su receta: «educación y respeto extremos».

Hacer equipo

Leire Villaumbrales nos recuerda que, ante situaciones extremas, «es fácil que reclamemos a nuestra pareja que haga algo que pueda paliar el malestar que estoy sintiendo, y eso a menudo se manifiesta en exigencias del día a día, aparentemente superficiales,

pero que pueden traer grandes conflictos: ‘No dejes todo tirado’, ‘no me hables con ese tono’, ‘ocúpate un rato de los niños que tengo que trabajar’, ‘no he tenido tiempo para nada’…».

Son fricciones cotidianas que se multiplican en aislamiento. «Tenemos que recordar que ese haz algo para que me sienta mejor muchas veces no es posible, ya que ambos estamos viviendo una situación potencialmente difícil y debemos tomar un tiempo para observar qué es lo que me está pasando a mí, en lugar de reprochárselo a mi pareja y usarlo como saco de desahogo«.

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Ese pequeño ejercicio mental puede convertir el confinamiento en una especie de terapia de pareja: «Esta es una oportunidad para hacer equipo, para ponernos en el mismo bando, compartir cómo nos vamos sintiendo con todo esto y encontrar a alguien al lado que nos escuche, nos hable también de su propia experiencia y, en definitiva, nos acompañe», concluye Villaumbrales.

Divertirnos juntos

Carme Sánchez propone una gran variedad de actividades que se pueden hacer en pareja: «Aprovechar para cocinar esos platos que en el día a día no tenemos tiempo, ponernos los vídeos de YouTube de Marie Kondo y ordenar la casa desde cero (puede crear conflicto,

pero quizá es el momento de hacer algo constructivo), desempolvar la esterilla (y la Wii Fit) para practicar yoga, estiramientos u otros ejercicios en casa, rescatar juegos de mesa, etc».

Si hay niños, todas estas sugerencias pueden incluirlos, «e incluso podemos jugar online con otros amigos confinados».

Villaumbrales también recomienda que, en caso de estar recluidos con los más pequeños,

«aprovechemos en familia un tiempo que normalmente no tenemos, por ejemplo, observando más a nuestros hijos, teniendo conversaciones sin tanta prisa, jugando y dando rienda suelta a la creatividad».

Apelar a la esperanza y la nostalgia aprovechando para hacer un plan futuro (como un viaje, una reforma en casa…)

o repasando juntos fotos viejas también son actividades recomendadas por los expertos.

Treguas en soledad

Por armoniosa que esté resultando la convivencia (que probablemente no sea el caso), es imperativo hacer cosas por separado. «Si el tamaño de la casa lo permite»,

apunta Carme Sánchez, «sería muy interesante pasar ratos a solas y no estar todo el tiempo juntos». Incluso aunque el tamaño de la casa no acompañe, debemos desdramatizar el silencio.

«Es muy importante que quede claro que los silencios no tienen por qué ser incómodos,

eso de que siempre tienes que estar haciendo cosas o hablando con tu pareja es una presión que debemos quitarnos.

No pasa nada porque uno esté haciendo una cosa y el otro, otra (y no solo durante la cuarentena). Podéis estar tranquilamente abstraídos en asuntos diferentes y eso no significa que alguien esté hablando con una tercera persona o que haya perdido el interés».

Durante estas pausas para uno mismo, añade la psicóloga, «puede ser buena idea despejar la mente de la crispación que nos provoca la situación o la actitud de nuestra pareja, por ejemplo, practicando la relajación progresiva de Jacobson unos veinte minutos o ejercitando la respiración abdominal o diafragmática durante cinco minutos,

sobre todo cuando estemos a punto de perder la paciencia».

Hay vida fuera

Las nuevas tecnologías, tan frecuentemente vilipendiadas, nos pueden ayudar en esta cuarentena: Whatsapp, Skype, Facetime, etc. nos servirán para comunicarnos con otras personas y evitar la sensación de aislamiento. «Sería aconsejable hacer videollamadas con gente que nos importe y compartir la experiencia con ellos» explica Villaumbrales.

«Es muy importante no vivirlo solos».

EL RINCON DEL SABIO

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